columnas / carlos alberto montano

Eran las 3:00 de la mañana en la casa vieja del barrio Loynaz. Mateo escribía todas las noches desde hace años, por lo general acompañaba la tarea escuchando música barroca. El bajo continuo de esa música le ayudaba a concentrarse, mantener la cadencia de su poesía y a combatir el sueño.