Por José Eduardo Pardo.

Nunca pensé que el teatro en breve sería trendi; de hecho siempre me pareció una curiosidad, un intento, una inspiración en proceso antes que una historia acabada. Pero no. El hijo menor del teatro se está imponiendo en la era del Twitter, el Snapchat y el Instagram entre otras formas nacidas del vivir en apuros.

He escuchado al público decir de una obra que es buena pero les resulta larga; que ya les es difícil soportar tanto tiempo encerrados; que se aburren. ¿Imaginan lo que significa para alguien formado entre los 70’s y 80’s escuchar que la longitud se impone ante el contenido de una obra? Y peor aún, que tal aburrimiento o necesidad de concreción del público viene por el hábito de revisar su whatsapp o sus emails o su facebook por lo menos una vez por cada tres minutos ¡Qué soledad!

Lorca - articulo Eduardo Pardo smallHace unos 5 años me invitaron a escribir y montar una obra en breve. Mi respuesta fue que prefería ver tales montajes, las actuaciones, los contenidos y sobre todo al público, antes de atreverme al experimento.  Y me colé en cada obra de la primera temporada del Micro Teatro en Miami desarrollada en espacios no convencionales. En ocasiones asistí a un par de funciones de la misma obra, cualquiera fuera su género, y observé tanto a los actores como el comportamiento del público y descubrí un género que hoy revoluciona el proceso teatral, sin dejar de lado las grandes obras de todos los tiempos ni las historias con más desarrollo, pero encontrando un nicho interesante al permitirle a la gente, no asidua al teatro, poner en riesgo su resistencia ante una dosis cultural más breve y por ende menos aburrida, según su criterio.

Sin embargo, un descubrimiento me llevó a otro y en mi hacer de dramaturgo se emparentaron el teatro en breve y un espacio no convencional en particular: el contenedor. ¿Quién diría que los contenedores para transporte de mercancía en los barcos iban a ser mi espacio teatral ideal? ¿Quién diría que la fórmula “teatro pequeño en espacio pequeño” se conjugaría en mi con la fortaleza de un concepto mediático?

Como escritor tuve que reformularme. Indudablemente influye mucho el hecho de ser director a la vez, pero como suelo decir “la historia debe estar en el libreto, con las respuestas necesarias para el actor y cada uno de los que se involucran en la obra”. Por lo menos así debería ser. Eso afecta el estilo, la estructura, el manejo de lo icónico, el sentido minimalista, la luz, las transiciones, las pausas. Actuar a quince o veinte centímetros de tu público no es fácil, menos aún el hecho de transformarte en una realidad ante tan evidente fantasía.

Amame de Eduardo Pardo smallEn mi primera faceta como escritor de teatro en breve creé unas seis o siete obras. Luego vino un descanso obligatorio por dedicarme a la televisión y este último año (2015-2016) he escrito alrededor de quince obras, todas acabadas y casi todas montadas.

Mi lugar predilecto para escribirlas es durante los vuelos y lo que genera la llamada “inspiración” es absolutamente cualquier cosa. Así como suena; y si no me creen les comento que en estos días iba del contenedor al camerino colectivo del lugar y a mi paso crucé ante otro contenedor con la puerta semi abierta, pudiendo ver la imagen de los vestuarios de esos actores colgados en el techo del contenedor, a la espera. Me detuve y pensé “El Tendedero” y seguí. Dos días después la obra “El Tendedero” está lista.

Puede sentirse trivial este tipo de inspiración, pero no lo es cuando la realidad estimula una conexión entre tus elementos interiores; es como si se disparara un alerta, y de tus memorias salieran imágenes, pensamientos por expresar, dudas por compartir y personas que sin saberlo quedaron en tu almacén de personajes. A veces pienso que interiormente tengo, como dramaturgo, una plantilla con formas vacías a la espera de un detonante que alborote mis memorias y comiencen a calzar en ella las piezas. El plot o motivo de la historia puede ser cualquiera: una palabra, un objeto, una idea, un sentir o un vestuario colgado, no importa. Lo importante es lo que seas capaz de contar a partir de allí; una historia en quince minutos.

Al pensar en “El Tendedero” recordé los pueblos de Latinoamérica; las mujeres y sus interacciones mientras cuelgan las ropas. Pensé en el contenedor cruzado por esas cuerdas, en el público de pie mientras ocurre la historia; de hecho, en los personajes utilizando a los presentes para ayudarlas con los ganchos, las piezas de ropa aún húmedas, las cuerdas muy altas, el equilibrio al subirse a una pequeña escalera o simplemente a una caja. Y mientras todo esto pasa ellas dan verdad al momento y el momento las hace verdaderas a ellas. Desnudan quienes son, el mundo en el cual viven y los sentimientos que les afloran. Pero el público debe dejar de ser tal para transformarse en turistas que vinieron a la Feria del pueblo y fueron encerrados en ese lugar por alguna razón; solo si les doy una máscara puedo invitarlos a ser parte de la historia.  Inclusive a entender algo del encuentro de estas mujeres que, por su inocencia pueblerina, no son capaces de entender. Así mi obra empieza a enmarcarse; será una comedia social-rural, participativa, con un par de personajes ingenuos en tiempos de poca ingenuidad; con una estética minimalista y con una misión, decir y hacer creer. Y mientras esto pasa, generar una experiencia para recordar.

Este artículo no se plantea ser una cátedra de dramaturgia en breve y mucho menos un análisis del fenómeno del teatro en contenedores. Definámoslo como un paseo por los trastelones de un movimiento artístico escénico en pleno desarrollo, que dará mucho que hablar y sobre el cual, por aquello de mi eterna inquietud de comunicador, ya indago formas de hacerlo global sin perder la sensación de ser íntimo y de alguna manera personal.

Eduardo Pardo.

Periodista. Dramaturgo. Escritor, productor y director de teatro. Tutor en el Acting Studio Adriana Barraza. Asesor de contenidos para Tv, radio y Cine.

Mayo, 2016. Especial para Poetas y Escritores Miami.

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