Gustavo Abel Di Crocce

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Hispanic Heritage Book Fair 2022: Sinergia emocional

Aquel domingo, cuando la noche principiaba, las luces del Fire Tower comenzaban a apagarse. Puertas afuera, un pequeño grupo se abrazaba con visibles muestras de emoción. Pilar, Susana, Yolanda y alguna que otra persona más despedían al grupo que había llegado desde la región más austral del continente: la Patagonia Argentina. ¿Qué había sucedido por aquellos días que justificara una despedida tan emocionante, con lágrimas recorriendo los rostros y abrazos que querían quedarse para siempre?

Todo había comenzado tres años antes. Mirta se había entusiasmado con la idea de participar en la Feria de Mi Libro Hispano. El grupo del taller de escritura que coordina en la biblioteca de Dina Huapi, cercana a Bariloche en Río Negro, había decidido llevar adelante el proyecto de un libro producido colectivamente, que mostrara desde el decir y el mirar de los propios habitantes patagónicos, las vivencias del territorio profundo al que no siempre accede el común de los turistas. Sobrevino la pandemia, pero eso no fue obstáculo para avanzar con la obra propuesta. Mirta y Lia llegaron a Miami en representación de todo el grupo que había producido una maravillosa obra con textos de jóvenes y adultos, impregnada de deliciosas e impactantes fotografías. Comenzó a transcurrir la quinta edición de la tradicional feria organizada por este sueño de Pilar Vélez hecho realidad. Se encontraban, se abrazaban y se comunicaban los extremos del continente americano. El signo visible era la presentación literaria, pero que remitía a un sentimiento mucho más profundo que había motorizado todo.

Gustavo Abel Di Crocce, Mirta Santiago y Lía Kucher

Las jornadas plenas de actividades no se agotaron en presentaciones de libros, homenajes, lecturas poéticas o exhibición de las últimas producciones de un entusiasta grupo de autores de habla hispana. Se vieron maravillosamente ornamentadas con la música y el arte culinario de la Región del Pacífico de Colombia. El gran número de expositores y su proveniencia de diversos países, dejaba en claro que la tradicional muestra estaba creciendo año tras año con pasos inusitados. Los niños se agolpaban frente a los stands de publicaciones infantiles, pugnando por conversar con las afamadas autoras. Mientras tanto, atrapantes historias eran presentadas por sus propios creadores, emocionando, intrigando y cautivando al circunstancial auditorio. Sin embargo, el aire estaba repleto de otra hermosa sensación que superaba el mero hecho expositivo de la feria. Invisible, sólo detectable por sus manifestaciones, emergía la sinergia emocional.

Cuatro zonas bien definidas de nuestro cerebro son las encargadas del funcionamiento de las llamadas “neuronas espejo”. Son las responsables de qué cuando vemos a alguien realizar determinado movimiento significativo nos haga parecer que nosotros mismos lo estamos viviendo. También cumplen su rol de imitación emocional en nuestros primeros años de vida para permitirnos aquellos aprendizajes aún no verbalizados. Son los instrumentos fisiológicos necesarios para generar la empatía, esa conexión tan particular con el otro, que no sólo nos hace comprender sus sensaciones, sino también vivirlas a la par. Esta vinculación empática entre las decenas de escritores que participaron en la quinta edición volvió a dejar en claro qué las relaciones, los vínculos y los afectos construidos durante estas jornadas, se proyectan en el tiempo más allá de la ubicación geográfica de cada uno.

El intercambio de libros, los proyectos en común, las ideas emergentes y las nuevas propuestas para un futuro próximo, demuestran que nadie sale de la Feria de la Herencia Hispana como entró: absolutamente todos se llevan horizontes de acciones muy superadoras de lo que hasta ese momento la propia inspiración les había guiado a propiciar. Resulta más que evidente que en la feria organizada por Mi Libro hispano surgen fortalezas emocionales impulsadas mutua y recíprocamente, produciendo un efecto único que sólo los corazones de quienes han compartido la experiencia pueden entender.

El último de los abrazos, tal vez el más fuerte, quedó impregnando con su sensación de despedida. Quienes habían llegado desde la Patagonia, tendrían por delante un regreso con un viaje de casi dos días de duración. Por el otro lado, las grandes motorizadoras de la organización ya ponían sus mentes en el próximo evento que en apenas unos días más las llamaría nuevamente a la acción. Una entidad que no tiene tiempo para el descanso, que se esfuerza de forma netamente altruista para que todo miembro se sienta cada vez más representado, partícipe e identificado con esta gran familia que tiene sus raíces en la herencia de la hispanidad y sus ramas extendidas hacia numerosos países en un abrazo fraterno que con la literatura como medio, propicia estos encuentros que nutren el corazón y fortalecen la vida con renovada esperanza y alegría.

Gustavo Di Croce