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Laura Montoya Hoyos en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara


Laura Montoya Hoyos en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara

Por Laura Montoya Hoyos

Cuando crucé por primera vez las puertas de la FIL Guadalajara, sentí que ingresaba a un territorio donde miles de voces, culturas y sueños convergen para recordarnos que los libros siguen siendo una casa común para la humanidad.

El aire tenía la fuerza de lo inédito: editoriales independientes, agentes literarios en busca de futuros catálogos, lectores cargando historias como si fueran tesoros, y autores hablando con emoción de sus obras. Cada conversación se transformaba en un puente; cada firma, en un gesto íntimo entre desconocidos que se encuentran a través de la literatura.



Para mí, esta experiencia tuvo el sabor de un comienzo. Presentar mi libro Vivir Eternamente en la FIL fue mirarme a mí misma reflejada en los ojos de otros. Voces de México, Colombia, Miami, Puerto Rico y distintos países se acercaron para compartir lecturas, incertidumbres y afectos. Comprendí entonces que escribir es un acto solitario solo hasta que el libro toca manos ajenas: allí es donde la obra nace verdaderamente.

Guadalajara me mostró que la industria editorial es mucho más que contratos y estrategias: es una constelación de voluntades. Editoriales como Editorial Utrilla y autores de otras latitudes me recordaron que la literatura viaja, cruza fronteras y se reinventa. También confirmé que, aunque vivimos en un mundo acelerado y cambiante, las ferias del libro siguen siendo espacios esenciales de encuentro, conversación profunda, aprendizaje y sueños compartidos.

Me despedí de México con la certeza de que los libros construyen destinos. La FIL Guadalajara fue una puerta abierta hacia nuevos caminos: lectores que ahora acompañan mis historias, alianzas que apenas comienzan y una convicción renovada de seguir escribiendo y creciendo. Porque, al final, lo que uno se lleva no son los aplausos ni las fotografías, sino la certeza íntima de haber sido parte del corazón que hace latir a la literatura en nuestra lengua.