Hablar en público puede ser una actividad normal, sin trascendencia para muchas personas; mientras que para otras, se trata de un verdadero trauma que puede llegar a imposibilitarles su avance profesional y su desarrollo social. En el caso extremo, esta dificultad se conoce como glosofobia, término que proviene del griego y que resulta de la unión de dos palabras: “glossa” que significa “lengua” y “fobos”, que significa “fobia”. Las personas que sufren de glosofobia  experimentan una ansiedad excesiva acompañada de síntomas físicos, cognitivos, y conductuales que difieren del nivel de severidad y que pueden llegar a hacer que una persona se enferme o evite a toda costa enfrentar estas situaciones.

A continuación comparto algunas recomendaciones que pueden ser de utilidad para evitar y neutralizar momentos de miedo a la hora de hablar en público: 

  • Cuando estamos hablando ante una audiencia y nos sentimos inquietos, o con temor, el efecto se refleja a nivel corporal de diferentes maneras; por ejemplo, nuestro cuerpo comienza a balancearse de forma meridiana, y sin darnos cuenta, deambula de izquierda a derecha como si se tratara de un péndulo, o va de atrás hacia adelante en forma constante. Otro indicio de inseguridad o de miedo se puede manifestar con el movimiento de las manos, que con la complicidad de los brazos, también se balancean. En estos casos, si somos conscientes de ello, es conveniente que nos traslademos por el escenario de forma natural, sin seguir un patrón de movimiento.
  • Prepare el comienzo y el final. Para evitar improvisaciones que pueden fallar, recomiendo ritualizar ese momento especial. El ritual consiste en comenzar siempre de la misma manera para evitar confundirnos o bloquearnos al principio de la presentación. Recuerde que no hay segundas oportunidades y que un mal comienzo puede afectar por completo el éxito de su presentación. Las improvisaciones se suelen notar y la audiencia puede percibir ese nerviosismo e inferir que no estamos del todo preparados o que guardamos algún tipo de dudas en relación al tema que abordaremos. Por eso, si tenemos bien definido y ensayado el inicio, las personas a quienes nos dirigimos percibirán esa seguridad.
  • Prepare un discurso breve para las emergencias y reconozca cómo responde su cuerpo ante el estrés de hablar en público. Hay un instante en el que sentimos que el mundo se congela por un segundo y es cuando nos anuncian, cuando se escucha nuestro nombre en los parlantes, o el momento en el que nos solicitan que hablemos públicamente. Es en ese instante cuando tomamos conciencia que «todos» nos están observando y es inevitable sentir que estamos muy expuestos y, como consecuencia de ello, nos ponemos nerviosos. Se nos aceleran los latidos del corazón y hasta se nos puede poner la mente en blanco, lo que hace que nuestros nervios (ahora sí con mucha más razón) se incrementen. Esos nervios e inseguridad se verán plasmados en un grupo de gestos que delatarán el estado actual que estamos atravesando. Cuando tomamos registro de la solicitud para hablar nos arreglamos o tocamos el cabello, nos ordenamos la ropa y comenzamos a hablar diciendo «ehhhhh…» o «…bueno…» a modo introductorio del tema, como llenando un espacio que es fundamental que quede sin sonido alguno. Reconocer este tipo de respuesta física ante el temor para evitarlos y memorizar un breve discurso para este tipo de situaciones, puede ser efectivo para responder en estos casos.

7 tips que pueden ayudarle a tener más control y evitar situaciones que lo pongan nervioso en una presentación en público:

  • Conocer el lugar previamente al día de la presentación para detectar fallas o necesidades.
  • Evaluar si podrá realizar dinámicas o caminar por el escenario sin dificultad.
  • Hacer una lista de chequeo de los recursos que va a utilizar y tomar medidas preventivas en caso de una falla técnica.
  • Usar un atuendo con el que se sienta cómodo; sobre todo no estrenar zapatos o llevar un peinado nuevo el día de su presentación.
  • Ensaye la presentación frente al espejo, fíjese en su forma de hablar, el tono de su voz, la postura y sus movimientos. Respire profundo y ensaye varias veces hasta que se sienta seguro.
  • Interactuar con el público y permitirles aportar ejemplos o anécdotas durante la presentación.
  • Llevar preparada una breve historia en caso de que haya una eventualidad y con el ánimo de desarrollar empatía y sentirse más relajado con la audiencia.

Sentir miedo es natural

Cuando suena una alarma en un edificio nos está anunciando una posible emergencia y por lo tanto hay preparativos que se hacen. Por ejemplo: se suelen detener los ascensores, cortar la luz, se encienden las lámparas de emergencia en los pasillos que indican las salidas, en caso de humo se activan las alarmas anti incendio y todos los grifos que hay en los techos comienzan a derramar agua y, por lo general, el sistema le da aviso a los bomberos o a la policía.

Del mismo modo que nos preparamos para una emergencia, el cuerpo, cuando tiene que atravesar por una situación de alarma o peligro, recurre a fenómenos físicos que sirven para afrontar con éxito el momento difícil. La reacción preventiva es el miedo y es normal sentirlo.

¿Por qué sentimos miedo?  

El miedo es la respuesta fisiológica que tenemos para ponernos en hiper alerta y poder confrontar las situaciones peligrosas o embarazosas por las que tenemos que pasar. Cuando atravesamos por una situación en la que debemos estar totalmente atentos y alertas, el cuerpo produce determinados cambios: las glándulas suprarrenales liberan una veloz descarga de adrenalina, se eleva la presión arterial, el pulso se acelera considerablemente y se libera glucosa en la sangre, lo que otorga una fuente de energía superior. Todo esto lo produce el cuerpo para que podamos enfrentarnos con más recursos a una contingencia. Cada vez que nos topamos con una dificultad, el cuerpo se prepara, como lo haría un edificio en el que suene una alarma de incendios.

Hay también cambios corporales sobre los cuales tenemos potestad nula, y tienen que ver con cuestiones fisiológicas. Nos ponemos colorados, nos transpiran mucho las manos o todo el cuerpo y existe la posibilidad de que se nos haga un nudo en la garganta.

Sabiendo esto debemos tranquilizarnos y tomar conciencia de que estos síntomas son totalmente normales y que desde ese mismo momento contamos con mayor cantidad de recursos fisiológicos, ya que aumenta nuestra atención, se dilatan las pupilas y estamos realmente con todos los sentidos al servicio de nuestra presentación. Lo que suele paralizar es el terror, por eso es importante entender qué sucede en nuestro cuerpo y detectar en qué momento sentimos el mayor temor, para poder contrarrestarlo y tomar las medidas necesarias para que nos enfrentemos a estas situaciones preparados y confiados.

Daniel Mongelli

danymongelli@gmail.com