Desde pequeña me acostumbré a hacer muchas cosas a la vez, quizás porque en ese entonces no tenía grandes responsabilidades, simplemente para aprovechar el tiempo y terminar con las tareas escolares.

Pero una vez en la universidad, cuando tienes que trabajar para pagar tus estudios y a la vez mantener un excelente récord académico, no te queda de otra que aprender a administrar tu tiempo al máximo y hacer muchas cosas a la vez. Y esa costumbre que me fue muy útil en ese período de vida, la trasladé a mi vida laboral.

Gracias a Dios la tecnología nos ha superado en estos años y ha servido de apoyo, de bendición y maldición al mismo tiempo. Ha llegado el punto en que puedes estar pendiente del televisor, monitorear tus emails desde el celular, y hasta cocinar y lavar la ropa, todo al mismo tiempo. Contestas tus llamadas de whatsapp, mantienes un chat activo, atiendes a un cliente y al mismo tiempo le das la papilla a tu hijo.

Así es la vida de muchos de nosotros hoy. Mientras administramos nuestras empresas o trabajamos, hacemos más de 10 cosas a la vez. ¿Qué consecuencias nos acarrea esto? Estamos inmersos en la era del multitasking.

Hoy nadie tiene secretarias ni asistentes, eso prácticamente es un lujo, ni siquiera mensajeros porque ahora hasta ir al banco es un paseo a punta de clic. Sin importar el área de experticia (estoy en el área de comunicaciones), también facturo, llevo mi propia contabilidad, cobro las cuentas, hago presentaciones y muchas otras tareas, tenga la habilidad natural para hacerlas o no, me guste o no.

En esta era del multitasking ser mamá, empresaria y ser humano: hermana, hija y amiga, con capacidad para desarrollarse perfectamente todo al mismo tiempo, sin contradicciones, es parte de ser un profesional productivo.

Si uno investiga sobre el tema, seguro se consigue con lo mismo: los estudios advierten que el multitasking no garantiza que seas efectivo, ni eficiente. Los psicólogos establecen que lo ideal es hacer dos cosas a la vez, muchas tareas al mismo tiempo es prácticamente inútil, porque necesitamos enfocarnos. Así que aquelllo de caminar y masticar chicle al mismo tiempo, funciona bien. Podemos usar el cerebro para dos actividades mientras nos permitan seguir enfocados y que sean del tipo que usen diferentes áreas del cerebro, como escribir y escuchar música instrumental.

Explican que uno realmente salta de una tarea a otra y en el proceso, el cerebro debe ajustarse y eso implica estrés y un mayor requerimiento de atención. Así que el refrán tan conocido de “el que asa dos conejos uno se le quema” nos viene como anillo al dedo.

Una cosa es ser multitasking en el trabajo, quizás para aprovechar y rendir el tiempo al máximo, pero con los ritmos de vida actual y las situaciones económicas que obligan a muchos a ser emprendedores hasta en el hogar, la vida se ha vuelto un multitasking sin fin.

Consultando sobre los consejos para ser más efectivos y productivos no solo en lo laboral, como empresarios, sino en la vida misma, los que más resaltan son: organizarse, priorizar las tareas y concentrarse en una al menos como la básica, mientras van andando las demás cosas. En decir, mientras escribo este artículo, tengo el Whataspp abierto, pero en standby, y estoy concentrada en una sola cosa, dejando el margen todo lo demás, solo pare retomarlo por si surge algo. Voy haciendo tareas según un listado para al final del día evaluar y ver qué cumplí y que no.

Otro aspecto es determinar qué es realmente una crisis. A veces nos angustiamos ante una serie de eventos y no sabemos priorizar para resolver. Lo mejor es revisar, si hay que delegar hacerlo e ir respondiendo en pasos, hasta concluir.

Evitar distracciones. Una clara recomendación. Nos gusta mucho conversar, pero hay que dejar espacios para entablar esas conversaciones con un margen de tiempo determinado. Así evitamos prolongar las sobremesas o el café con el colega, y las charlas innecesarias, que nos acortan el tiempo para nuestros proyectos. Podemos trabajar con las puertas cerradas, o con audífonos, oyendo una música instrumental, estimulante o relajante según convenga, o retirarnos a un espacio cómodo, donde poder trabajar sin mayor dificultad, dejando el teléfono en silencio.

La realidad es que se necesita mantener el enfoque y en eso ayuda mucho meditar o practicar algún deporte o alguna técnica que nos ayude a manejar nuestro estrés cotidiano.

La otra cosa es saber que si tenemos que atender dos o más tareas a la vez, podamos evaluar cuáles combinan mejor entre sí: por ejemplo, si estamos en casa y debemos terminar un informe, podríamos lavar ropa, pero no cocinar al mismo tiempo (a menos que quiera comer quemado) o arreglar la casa, porque no combinan bien y representan una mayor exigencia. Es simple: puedo poner la alarma a la hora en que deba prestar atención a la lavadora, mientras termino el informe.

Conocernos a nosotros mismos, saber nuestros límites y hasta donde podemos exigirnos, es importante para determinar qué tan efectivos podemos ser en nuestras tareas diarias.

Evelyn Navas @ecnaproasesoria en Twitter, Facebook e Instagram.

Artículos Relacionados