Aproximarse a la mente de Juan Dominguez-Bendela es entrar en contacto con un fascinante universo.  En efecto la formación científica del mencionado autor no ha impedido al novelista que también mora en su interior el apartarse del rigorismo de la ciencia, para incursionar en los misteriosos y liberadores campos de la fantasía; condición vital arraigada en la recia, pero también afable personalidad del autor de  “El Ciervo de Robson” en su probado desempeño como  escritor. No podía ser menos elocuente que su versátil talento curioso e inquisitivo, obedeciera al natural  impulso que lo impele a escribir, narrar, llegar hasta el lector, como una segunda y auténtica vocación.

Su novela que a todos ustedes hoy presento es un dechado de desbordante imaginación que lleva a rememorar las proezas descriptivas de las obras de Verne, o en ocasiones, a evocar el mundo Garciamarquiano del realismo mágico, bajo el conjuro de una vigorosa pluma  y un persistente humor.

En Juan Dominguez-Bendala no es posible establecer con precisión cual de los hemisferios de su cerebro ejercita un predominio en su actividad cognitiva; o es el del juicioso rigorismo practico y demostrable del científico o la explosiva capacidad creativo- alucinatoria, del artista innovador.

No obstante en la historia hay ejemplos de escritores científicos, o para decirlo en otra forma de científicos escritores que han plasmado una perdurable huella en la literatura, durante el transcurso de sus vidas.

Permítanme citar algunos de estos casos:

El gran Goethe, jamás sintió el llamado de la literatura con la misma pasión que condujo su mente hacia la ciencia.  Lo demuestran sus juiciosos y valiosos trabajos acerca de los integrados elementos del color.

Similar inclinación, pero en forma contraria, le ocurrió al médico escocés Sir. Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes al preferir seguir el rumbo del mundo literario que lo llevó a ser considerado como un gran escritor.

Pio Baroja médico de profesión dedicó su existencia al mundo de las letras. Escribió su autobiografía “El árbol de la Ciencia” y dejó este legado literario a la posteridad.

La legendaria obra de “Alicia en el País de las Maravillas” un “best seller”, de todos los tiempos, fue escrita por Lewis Carroll, un reconocido matemático de la Universidad de Oxford.

¿Quienes no hemos disfrutado del fascinante mundo del Parque Jurásico? Su creador  Michael Oritchon, es un médico de Harvard, cuya obra genial ha trascendido fronteras.

Otra muestra más de esta fabulosa combinación de múltiples destrezas del talento humano, entre el mundo científico y el del creador intelectual, ha quedado demostrado en el serial de “Cosmos” del astrofísico y cosmólogo Carl Sagan.

El argentino Ernesto Sábato, doctorado en Física en la Universidad de la Plata, es ampliamente reconocido como un prolífico escritor.

El físico y matemático  chileno Nicanor Parra, fue el padre y creador de la así llamada “anti-poesía”.

Edward Wilson, biólogo americano, premio Pulitzer 1991, ha sido exaltado como gran escritor.

Tanto Richard Freyman, premio Nobel de Física 1965, y el científico Ian Stewart, son conocidos por el público como magníficos narradores.

El trabajo científico de Stephen Hawkins, genio de la astrofísica va acompañado de un reconocimiento como  destacado escritor por su famoso libro “Una breve historia del Tiempo”.

En el ámbito personal del autor del “Ciervo de Robson” no es necesario entrar a discutir si en su caso se trata de un científico que extiende sus pasos hacia las letras, para popularizar sus avances científicos; o el del escritor que usa la inteligencia y el caudal de sus conocimientos artísticos, o literarios para adentrarse en el mundo de la ciencia.

En él confluyen ambas condiciones en una forma natural y equilibrada. Su personalidad alcanza lo que los griegos definían como el “mesotes”, el firme y equilibrante justo medio.  En consecuencia es nuestro presentado un notable escritor, como aquí se confirma, y al mismo tiempo un científico que concentra su conocimiento y energía en los laboratorios de la ciencia, para el bien de la humanidad.

He ahí el por qué el “Ciervo de Robson” se convierte en una obra muy interesante y particular. Un clásico que extiende al horizonte creativo una sugestiva trama original, en una fina línea que bordea el humor y la ironía.  Un tenue surrealismo envuelve a sus personajes en una atmosfera única. En la medida en que se avanza en la lectura, surge la duda por instantes, mientras la fantasía extravía su límite con la visión de lo real. Este logrado efecto hace de su lectura una experiencia fascinante que desde el primer capítulo cautiva y atrapa al lector.

JUAN DOMÍNGUEZ-BENDALA LOGRÓ ESTABLECER  UNA MARAVILLOSA CONJUNCIÓN  DE FELICES INTUICIONES Y CONOCIMIENTO  PARA APORTARLE DIVERSOS Y ORIGINALES RECURSOS A SU NARRACIÓN.

Una corta biografía del autor nos señala que después de terminar sus estudios de biología en su natal Sevilla, el escritor experimentó una inmensa atracción por un crucial suceso científico que cursaba en Escocia.  En efecto, en un laboratorio cercano a Edimburgo se adelantaba un experimento para conseguir, que por medio de una sofisticada manipulación, una oveja produjera en su leche el pretendido medicamento para tratar a quienes padecían de una rara enfermedad pulmonar.

La impactante noticia determinó el destino del aventajado biólogo-investigador, quien en cumplimiento de su vocación profesional, cursó y obtuvo un doctorado en el prestigioso “Roslin Institute de Escocia”, muy cerca de Edimburgo, bajo la supervisión de uno de los creadores de la oveja Dolly, el primer animal clonado de la historia.

Fue en este país, precisamente, en donde el joven investigador, al tiempo en el que obtenía el conocimiento científico, nutrió también su mente de escritor, enriquecida ya con un impresionante caudal de profundas y clásicas lecturas efectuadas durante su formación escolar; mas el hechizo de los milenarios bosques, y ancestrales parajes misteriosos de la sugestiva geografía escocesa.

La exquisita sensibilidad del artista, ya igualmente, fraguaba adicionar a su novela la poética y filosófica descripción, que toma feliz presencia en uno de los capítulos del libro; tal vez, al capturar una emoción dormida; y numerosos interrogantes sobre la existencia; en la añoranza de la pintoresca Andalucía, su terruño natal.

En mi opinión, todos los anteriores elementos estimularon su imaginación  como poderosos recursos aprovechados en el posterior relato que lleva a los lectores a lugares insólitos; entre un inverosímil y magnifico inventario de extrañísima fauna y exuberante flora; toda la amalgama que contiene su fértil imaginación; también centrada en un humano componente, tal vez copiado de auténticas personas, por el escritor conocidas, en el entorno académico; y la inevitable presencia de oscuras pasiones; que tornan la competencia, voraz y despiadada entre colegas; ávidos de obtener apetecidos logros en la ciencia; acompañado por el talante británico; la consabida flema inglesa; rasgos por el autor tomados de la realidad  para ser adjudicados en forma posterior al carácter de algunos de los obsesos, pero divertidos personajes de su novela de ficción. Todo un fabuloso capital de aventuras, marcadas con ingenio y en vías de extenderla al mundillo intelectual en que se desenvuelve la trama de la obra.

Sin pretender cometer infidencia alguna, ni develar, puntos claves de la misma, presento esta breve sinopsis:

“El fenómeno del Ciervo de Robson solo se genera cada seiscientos años mediante una afortunada sucesión de accidentes, que incluyen el desprendimiento y transporte de una masa de hielo desde Alaska hasta las costas de California. La loca y espectacular carrera por demostrar la ascendencia de una criatura que aún no existe iniciara una descabellada y complicadísima aventura que lleva a un grupo de aristócratas de la escocia señorial del siglo XIX, en compañía de sus leales mayordomos o criados a recorrer medio mundo; un tanto estrambótico y plagado de extraños personajes y lugares.

Este extraño escenario conduce a un hilarante repertorio de enredos y aventuras, amores trastocados y, sobre todo, a la presencia de criaturas fantásticas; cuya justificación de existir, en apariencia; confirma la razón de haber sido creadas con el único propósito de recibir los nombres  de sus descubridores; los vanidosos miembros de la Academia Escocesa de Ciencias”.

Algunos datos curiosos que seguramente habrá de encontrar el lector abarca un desbordante juego de imaginación del cual hace gala  el autor, a lo largo de las quinientas cuarenta y nueve páginas del libro, y sus XXXVIII capítulos;  fantasía que iguala, o quizás, supera, en muchos aspectos, a los más destacados creadores de obras de ciencia ficción en el cine o en la literatura contemporáneos.

Nuestro escritor, conforme el mismo lo manifiesta, concibió la mayor parte de su libro y lo escribió en Miami, la mágica Babel, durante sus cotidianos viajes en tren, desde su residencia hasta el trabajo, y viceversa; experiencia en la cual invirtió casi tres años.

Antes de terminar, permítanme asegurarles que no sucumbí a la imposición de mi falta de tiempo para leer la obra porque el profundo interés que en mi despertó me hacía desear terminar mis labores del día con rapidez para ocuparme en su lectura.  La única damnificada, en mínima parte,  fue Isabelita mi esposa, quien tuvo que aguardar pacientemente, sin entregarse al sueño, durante algunas noches, para escuchar mis emocionados comentarios acerca de los episodios del Ciervo de Robson.

Invito a los presentes a leer la novela, un clásico rotundo; revelación fehaciente de un gran escritor; y a la par un bellísimo compendio de  sacra devoción, por la naturaleza prodigiosa, que puebla este planeta, y nuestro rededor; conforme lo confirma Juan Dominguez-Bendala, en su hermoso relato.  La natura también se manifiesta, prodigiosa, esplendida, y brillante; bajo el fino ropaje de los sueños; bruñida entre memorias y palabras; o imaginarios universos, y criaturas extrañas, que en mitos acompañan, nuestro mundo interior!

Presentación de la novela, por Luis Carlos Fallon, Miami, mayo de 2018.    

Compartimos fotografías del lanzamiento de El Ciervo de Robson de Juan Dominguez-Bendala, en Books & Books, presentado por Luis Carlos Fallon, poeta colombiano y Premio de Literatura FILCOL 2017. 

Juan Domínguez-Bendala, MSc, PhD.  

Licenciado en Biología por la Universidad de Sevilla, J. Domínguez Bendala obtuvo su doctorado en el prestigioso Roslin Instituteescocés bajo la supervisión de uno de los creadores de la oveja Dolly, el primer animal clonado de la historia. Desde 2001 reside en Miami (EEUU), donde dirige el Laboratorio de Células Madre del Diabetes Research Institute, uno de los centros de referencia a nivel mundial en el desarrollo de terapias celulares para la diabetes. J. Domínguez Bendala simultanea su investigación, avalada por docenas de publicaciones científicas, con una activa labor divulgadora que le ha llevado a ser entrevistado en numerosas ocasiones en CNN, NBC y otros medios de comunicación nacionales e internacionales. Reconocido desde 2008 en sucesivas ediciones del Marquis Who’s Who in America, en 2010 fue seleccionado por la Fundación Sabrina Cohen para la campaña internacional “CELLebrity doctors” a beneficio de la investigación en terapias regenerativas. Su primera obra de ficción, “El Ciervo de Robson” fue finalista de la XII edición del Premio de Novela Fernando Lara.

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